La muerte de Alberto Nisman y el alineamiento internacional del Gobierno K

Por Héctor Antonio Mugas 
En la segunda semana de febrero de 2011, la captura del avión con los códigos secretos de las comunicaciones del espionaje yanqui, con Timerman como primer actor rompiendo la cerradura del baúl donde estaban esos códigos, fue tal vez la primera evidencia pública de un giro en el alineamiento internacional de la Argentina. "Pido a los argentinos que piensen en argentino, porque la defensa nacional no puede tener color ni bandería política, sino una cuestión estratégica nacional para profundizar y preservar la soberanía", dijo la Presidenta desde El Calafate refiriéndose a ese “forcejeo” con Estados Unidos.

Respecto al atentado de la AMIA, originalmente los Kirchner eran partidarios de la conexión Siria, pero esta posición fue variando de acuerdo con los negocios de los grupos económicos que representan los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Así, ya instalado Néstor Kirchner en el gobierno, adhirieron a la versión del “arrepentido” iraní, con lo cual se convirtieron para los EE. UU. e Israel en “aliados en la lucha contra el terrorismo internacional”. La presencia del Fiscal A. Nisman, al frente de la Fiscalía especial creada para investigar el atentado, se corresponde con ese primer giro y con el periodo en que el Gobierno adhirió a la hipótesis de la “conexión iraní”. Es decir, Alberto Nisman, fue puesto por Néstor Kirchner, hace más de 10 años, para investigar bajo el supuesto de la responsabilidad de Irán, por lo tanto fue testigo directo del efecto que la nueva alianza estratégica con China tendría, desde hace algunos años, para la causa AMIA, Israel y el mismo EE. UU.

¿Irán… y China?
El cadáver del fiscal Alberto Nisman fue hallado muerto poco antes de la reunión de la comisión del Congreso en dónde iba a presentar su denuncia sobre la “asociación criminal para la impunidad” en el atentado terrorista a la AMIA. Así calificaba al acuerdo entre el gobierno de Cristina Kirchner y el ex presidente de Irán, Ahmedinajad. En esa “asociación criminal”, A. Nisman ubica a Cristina K, Timerman, el “Cuervo” Larroque, y funcionarios y dirigentes kirchneristas que habrían integrado una “diplomacia paralela” con el gobierno iraní. Es decir, lo que A. Nisman denuncia es la asociación ilícita de los antes nombrados, con el objetivo de desafectar de la investigación a Irán en aras de los negocios gobierno en el marco de la nueva alianza estrategia. Si bien la relación con Irán ha variado radicalmente, los acuerdos no apuntan solamente a Irán sino al sistema de alianza de la que Irán forma parte hoy: la alianza estratégica con China. Sobre esa base se negoció impunidad y petróleo por granos y carnes, en una perfecta demostración de la escala de valores del gobierno K. Es decir, la política del gobierno K, al igual que S. Menem, se convirtió, de allí en más, en el entorpecimiento sistemático de la posibilidad de encontrar verdad y justicia en una causa que lleva ya más de 20 años; 11 con el gobierno actual. Nunca (NUNCA) se investigaron las conexiones internas, incluyendo la SIDE (dividida por una guerra interna), sin las cuales ese atentado hubiera sido imposible.

Una guerra feroz
La lamentable muerte del Fiscal Alberto Nisman, en circunstancias más de dudosas, muestra también la superficie de una feroz disputa entre los de arriba por el control del Estado, por la manija de la justicia y por el control de la Argentina; entre fracciones de la “inteligencia nacional”, sus padrinos nativos asociados a los viejos y nuevos amos imperialistas, por la rapiña de Argentina.

Si bien podemos suponer que el Gobierno de Cristina Fernández, no tiene responsabilidad directa en la muerte, si le cabe la responsabilidad política de la misma, tanto como en la desaparición de Julio López. Son el partido gobernante y a ellos les compete la seguridad de todos, sin atenuantes. También les cabe a los gobiernos constitucionales anteriores la responsabilidad política de haber continuado la destrucción minuciosa y sistemática de cualquier posibilidad de industrialización independiente, de soberanía nacional, de una industria de defensa nacional, etc. iniciada por la dictadura instaurada en 1976.

Hoy Argentina es un país prácticamente sin fronteras, sin hombres ni medios técnicos para la protección del territorio nacional. La Gendarmería Nacional ha sido retirada a las ciudades para “combatir el crimen”, la Inteligencia Nacional ha sido entregada al ejército del General Cesar Milani, acusado de la desaparición del soldado Ledo, y puesta al servicio de los poderosos de turno, para “carpetear” a jueces, políticos y empresarios rivales; para perseguir a luchadores sociales. Para todo, menos para una verdadera seguridad nacional y popular. Como ha quedado demostrado, por nuestra frontera norte transitan desde simples vecinos que se benefician con la diferencia de precios entre uno y otro lado, pasando por contrabando en pequeña escala, el narco-tráfico y la trata de personas.

También ha quedado establecida la existencia de casi 100 pistas de aterrizaje relacionadas con vuelos narcos. Y cada vez más salen a la luz la vinculación de intendentes, concejales, diputados, jueces, policías, etc. con poderosos grupos delictivos. Rosario es la Meca del crimen y el narco-tráfico y, si nos descuidamos, el prototipo del futuro narco-Estado argentino.

Entonces, el hecho más grave, que el caso Nisman pone en evidencia y viene a coronar, es la total falta de control de la situación por parte del Estado y la abierta intervención de otros a través de sus servicios de inteligencia (Mossad, CIA, inteligencia iraní, China, Rusa, etc.) en nuestro país. También tenemos territorio ocupado militarmente por los ingleses en Malvinas y se ha entregado territorio a China para la construcción de una base-estación satelital en Neuquén. Todos actos de entrega nacional, que en situación de posible conflicto internacional, nos situarán en la primera línea de disputa y al borde de la disolución territorial.

La muerte de Alberto Nisman, de algún modo resume el estado general de indefección a que ha sido llevado el pueblo en su conjunto y estalla en la cara de un Gobierno que, en nombre de un proyecto “Nacional y Popular”, ha enmascarado todos los mecanismos de entrega y sometimiento en tiempo de democracia.

Los dueños del mundo disputan y matan descaradamente, por el despojo de Argentina.