Nisman, una actitud a imitar

Por Héctor Mugas 
La aparición del Fiscal A. Nisman a la vida pública, denunciando a la Presidenta Cristina Fernández, el Canciller Timerman y otros miembros del partido gobernante, y su posterior muerte en circunstancias más que misteriosas, ha activado profundamente la maquinaria propagandista del sistema. Como ocurre con cada hecho contra el que los argentinos nos revelamos: como la apropiación de nuestro territorio en Malvinas, la lucha contra la injusticia, el desprocesamiento de los luchadores sociales, el ataque a nuestros compatriotas de la AMIA, etc.; un objetivo parece unir a los distintos grupos imperialistas y sus representantes locales.

Para todos ellos la primera lección que debe quedar clara es: “contra esto no se puede” y la segunda, que la única alternativa es dejar estos asuntos en manos de políticos expertos y/o de un futuro cambio electoral. La muerte del Fiscal Alberto Nisman parece ser un ejemplo de ello, sea por suicidio, suicidio inducido o asesinato, todo señala a los responsables del Estado, al Gobierno autodenominado “Nacional y Popular”, representado en la figura de Cristina Fernández de Kirchner. La Presidenta de los argentinos no acusa recibo. Fiel a su postura de espectador de la realidad nacional y tras casi una semana de silencio, nuestra presidenta se presentó a las cámaras, sentada en silla de ruedas, de inocente blancura, y con cara de “yo no fui pero…” anunció la disolución de la Secretaría de Inteligencia, servicio del que sacó provecho interno por más de 10 años. Nada dijo del encumbramiento de Milani, represor de la Dictadura, de la inteligencia del Ejército, Gendarmería Nacional, Policía Federal… Tampoco demostró el mínimo pesar por la muerte de A. Nisman.

Yo ‘no’ soy A. Nisman
Yo ‘no’ soy A. Nisman, porque no soy judío, no soy fiscal, ni abogado… pero sobre todos ‘no’ soy Nisman porque no he muerto. No quiero reivindicar al A. Nisman muerto, a la víctima sino al vivo. Ese Nisman quiero ser, el que volvió “intempestivamente”, a ese argentino quiero que mis hijos, mis nietos, los jóvenes en general imiten. Que sean atrevidos, que sean valientes, que no se arrodillen frente a los poderosos sino que los desafíen. En vez de aferrarnos a un cadáver, rápidamente debemos apropiarnos que el ejemplo ético que la persona de A. Nisman proyecta sobre todos los argentinos, y darle nueva vida para que nos gane el desánimo. Levantar muy alto a A. Nisman como un hijo de esta tierra. Tierra de originarios e inmigrantes. De esta matriz ha salido A. Nisman. Pero esta misma matriz ha parido a políticos, jueces, sindicalistas corruptos…, corruptos que están en el gobierno y otros que estuvieron y ahora aparecen en la oposición. Es clara la superioridad ética y moral de Alberto Nisman, también sé que no es el único. Sé que hay trabajadores, campesinos, originarios, profesionales, intelectuales, empresarios, trabajadores de la cultura, mujeres, hombre, jóvenes… miles y miles de potenciales A. Nisman capaces de tomar sus banderas.

¡Nisman! ¡Nisman!... alguno pudiera jugar con el nombre de un hipotético super-héroe pero no lo era, era solamente un hombre como hay miles, pero tampoco era un hombre vulgar. No era un cualquiera. Era un ejemplo, un valiente, la figura de un pequeño patriota que debería recorrer las escuelas, las aulas de la facultades en las universidades, las fábricas, las oficinas, los campos de cultivo, los viñedos… que todos sepan y hablen de él, para que le imiten en su valor, para que lo tomen como ejemplo a la hora de actuar en el puesto en que cada uno se desempeña: como ama de casa, como madre, como padre, como alumno, trabajador con empleo o sin él, como productor, como pequeño o mediano empresario. Que todos sepan de un hombre comprometido con ideas de justicia, comprometido con un país, con un pueblo. Que comprendamos que si conseguimos multiplicar su ejemplo por miles y unirnos, seremos capaces de lograr justicia para la AMIA, para Julio López, para el pueblo Qom y otras minorías, independizarnos de la tutela de los países poderosos que ahogan en sangre los pueblos del mundo…

Contra esta idea se unirá la mayor parte de la dirigencia corrompida de políticos, jueces, intelectuales funcionales y deportistas. Pero la muerte de A. Nisman, ha colmado la medida, ha desatado el hastío popular y despertado la necesidad profunda de una renovación ética y moral en la dirigencia argentina. Esto es un peligro para los que se turnan eternamente en el poder. Para los que antes estuvieron con la dictadura, y luego se reciclaron como alfonsinistas, menemistas y que ahora son “k” de la primera hora. La cultura del camaleón es universal y detrás de la consigna de justicia, se esconden los que no esclarecieron la muerte de J. F. Kennedy, el atentado de las Torres Gemelas, las atrocidades cometidas en Afhganistan, Irák, etc. Los que no responden por el genocidio del pueblo palestino, los que no explican la conexión de los Servicios de Inteligencia con los aparentes responsables del atentado a Charli Hebdo, los que le dieron vida a Al Kaeda e ISI, los crímenes cometidos en Osetia, en Chechenia, y un larguísimo etc. Los que desangran a los pueblos del mundo, los últimos responsables del caos, como dice la canción, nos proponen: “vos despreocupate. Yo me ocupo de esto, andá y fumá…”

La experiencia histórica es tozuda y nos muestra desde siempre que la única justicia lograda, aunque estos fueran resultados parciales, fue con el pueblo movilizado. Así fue en Catamarca por María Soledad Morales, con María Rosa de Balmaceda, en San Juan; por Costeki y Santillan… los juicios contra los esbirros de la dictadura y tantos otros. La experiencia histórica muestra también los infinitos vasos comunicantes entre uno y otro grupo económico-político que se alternan en el poder, que explicaría el hecho de que nunca pase nada. La realidad es que, los muertos, nuestros muertos, se ponen sobre la mesa y son moneda de cambio.

En un anterior artículo, decía que este no es un hecho criminal aislado. Este hecho, como el de la Embajada de Israel, la AMIA, la muerte del hijo de Menem, por mencionar sólo algunos; tienen sentido en el movimiento general, en los sucesivos cambios que ha tenido Argentina según el alineamiento estratégico con uno u otro imperialismo. La muerte de Alberto Nisman, no puede verse al margen del cambio estratégico como “socios” de EE. UU., Europa e Israel, al corrimiento hacia China y Rusia como centro del futuro poder mundial.

Alberto Nisman enfrentó con valor su responsabilidad y se enfrentó cara a cara con la muerte. Su muerte debe sonar como trompeta llamando a reunión, para que este esfuerzo solitario se transforme en una tarea política colectiva, en unidad de los miles de ‘A. Nisman’ anónimos que pueblan este país. Unidad sin distinción de credos religiosos, ideológicos, étnicos, de género… para desafiar la alternancia en el poder de los estafadores seriales de las esperanzas populares, la esperanza de ver un país mejor, un país orgulloso de su independencia política, económica y cultural. Un país que no se arrastre a la voluntad de ninguna potencia extranjera sino que se somete a la de su pueblo.