¡Sanz lo hizo!

Por Marcelo Arancibia 
Partido GEN - San Juan 
Corría el año 2011 y la conducción del radicalismo de San Juan invitó a políticos opositores y empresarios bodegueros a un almuerzo con el pre candidato a la Presidencia de la Nación, el Senador por Mendoza Ernesto Sanz. A los postres Sanz dio un encendido discurso de verdadera talla presidencial, que entusiasmó a los presentes. Y a la hora del té, recibió en audiencia a la dirigencia política de lo que fue una de las tantas frustraciones políticas de la oposición, el “Acuerdo Cívico y Social”. En aquella reunión, sin vueltas ni protocolos, Sanz recomendó avanzar en un acuerdo electoral con el peronismo federal de San Juan, representado desde siempre por el basualdismo.

Ante tal insólita propuesta, uno de los asistentes lo reconvino, invitándolo a él a cerrar un acuerdo electoral con Eduardo Duhalde, a lo que mendocino contestó sin ponerse colorado: “Si para ganarle a Cristina hay que arreglar con Duhalde, no lo duden, acordaré con Duhalde”.

A las 24 horas de aquella confesión política entre cuatro paredes, Ernesto Sanz bajó su pre candidatura presidencial, dejando boqui abiertos a propios y extraños, en especial a los que habían pagado una opción para almorzar con el ahora ex pre candidato presidencial.

Sanz no pudo acordar con Duhalde en el 2011, pero en el 2015 lo hará con Macri. Veremos si bajará nuevamente su pre candidatura presidencial para incorporarse como candidato a vice presidente de Macri; o si en nombre de la república y la lucha contra el populismo autoritario y corrupto del kirchnerismo, comprometerá a la U.C.R. en apoyar el binomio Macri  Reutemman. Todo puede pasar, parece ser cierto aquello que la política es el arte de lo imposible, más si las encuestas de opinión así lo mandan.

Mauricio Macri es la personificación “del régimen" más allá de los millones de pesos invertidos por el PRO en prensa, publicidad, imagen y marketing para convertir, a quien era la bestia negra del empresariado menemista de los noventa, en la esperanza blanca del republicanismo del final de ciclo del populismo kirchnerista. Sin embargo no deberán los radicales ser tan exigentes con su nuevo candidato a presidente, ya lo dijo Carrió al establecer la diferencia entre Macri de Massa: "ambos son corruptos, pero Mauricio es republicano".

No es la primera vez en su historia que radicales terminan por aliarse con el "régimen conservador". Su primera víctima fue Hipólito Yrigoyen.

Los radicales antipersonalistas participaron activamente en el golpe militar del 6 de septiembre de 1930; y en 1932 la U.C.R. Antipersonalista integró la concordancia que ganó las elecciones y llevó a la presidencia de la Nación a Agustín P. Justo, con el yrigoyenismo proscripto y la U.C.R. declarando el abstencionismo electoral. La saga de los antipersonalistas terminó en 1938, cuando uno de los suyos, Roberto M. Ortíz fue elegido -mediante fraude electoral- presidente de la Nación por la concordancia, venciendo al candidato de la U.CR., Marcelo T de Alvear.

En la década del cuarenta del siglo XX el radicalismo se dividió en "unionistas" e "intransigentes". Los primeros conservadores y los segundos seguidores de lo que en aquella época se denominaba "el constitucional social", hoy la social-democracia o progresismo.

Para los unionista, a fin de evitar la continuidad por vía democrática de "la dictadura pro nazi" representada por la fórmula Perón - Quijano (un radical que hoy por hoy sería caracterizado como un radical "P"), la defensa de la Constitución justificaba en 1946, por sí sola, la unidad electoral de todo el espectro político partidario nacional "pro aliados". Así nació la "Unión Demócrata" integrada por el radicalismo, los comunistas, los socialistas y los conservadores.

Para los intransigentes, con Ricardo Balbín, Crisólogo Larralde, Moisés Lebenshon, Amadeo Sabattini a la cabeza, el radicalismo debía ser un partido constitucionalista, pero con una clara doctrina política, económica y social; doctrina que hacía imposible una alianza electoral con los populistas (el peronismo), los conservadores (el régimen) o los comunistas (quienes bregaban por la dictadura del proletariado y la economía dirigista, a diferencia de la socialdemocracia que cree en la democracia y en la propiedad privada)
Los herederos de los radicales intransigentes fueron Arturo Illia, con su gobierno honesto y progresista, y Raúl Alfonsín quien definía la democracia como la “vigencia de la libertad y los derechos, pero también existencia de igualdad de oportunidades y distribución equitativa de la riqueza".

El gobierno conservador de De la Rúa (conservador de la convertibilidad del 1 a 1) la candidatura presidencial del burócrata Moreau en el 2003, los acuerdos electorales con los peronistas populistas y/o conservadores de Lavagna en el 2007, De Narváez en el 2011, y con Macri en 2015 (y también con Massa en algunas Provincias) hacen que el radicalismo vuelva a tener un pié en la concertación y el otro en el unionismo, quedando en ella poco o nada de la intransigencia.

Lo más grave del acuerdo electoral con PRO y Carrió, es que el radicalismo ha dejado de ser un partido político con un proyecto nacional, y que su progresismo y su ética republicana han sido sustituidas por una pragmatismo que, como ideología,  todo lo justifica, todo lo habilita en el afán de lograr poder, no aquel poder que sirve para transformar, por ejemplo, la realidad social de pobreza con una mejor educación o cambiando el regresivo actual régimen impositivo, sino el poder que surgen de las planillas salariales de un municipio, de una gobernación o de algún cuerpo legislativo.

La estabilidad democrática y la sustitución de los partidos políticos por candidatos multimillonarios, hacen que el radicalismo no soporte más el llano. Será por ello que el partido radical ha dejado de creer en el discurso de Alfonsín de cierre de campaña del ´83, el famoso y recordado “porqué marchamos”, y que con Macri se apreste a tirar por la ventana el legado de “las manos limpias y uñas cortas” de don Arturo Illia.

El kirchnerismo fue y es un gobierno tibio en relación al populismo autoritario de los gobiernos de Perón. No confiscó Clarín ni logró modificar la constitución nacional para habilitar la reelección indefinida como sí hizo Perón en su primer gobierno; y salvo el caso Nisman (que la justicia debe resolver si fue o no un homicidio y, en su caso, quienes fueron sus autores materiales e intelectuales) los K, no han instigado al asesinato de opositores ni metido preso a ningún de ellos, como sí lo hizo Perón con la Triple A y encarcelando a Balbín y otros.

La justificación del acuerdo electoral con Macri o con Massa, con éste último reducido ahora a las provincias y municipios, en nombre de la república y en contra del populismo autoritario del kirchnerismo, esconde una gran hipocresía, porque Macri es más parecido a Menem que a Illia; y porque Massa se parece más a Néstor Kirchner que a Raúl Alfonsín.
La desintegración de la UCR como partido político y referencia de una representación política y social, que tanto le aportó al País en sus más de 120 años de historia (desde el voto obligatorio, universal y secreto, hasta el juicio a las juntas militares, pasando por el gobierno más honesto y transparente de nuestra historia, el de Illia) es una verdadera tragedia para la democracia argentina. Cuando ello ocurra y no exista tiempo para enmendarlo, debemos recordarlo ¡Sanz lo hizo!